Crimen y castigo. Fiódor Dostoievski

jueves, 8 de diciembre de 2016

A la edad de 18 años, un joven Dostoievski escribía en una carta dirigida a su hermano:

“El hombre es un misterio. Un misterio que es necesario esclarecer.... yo estudio este misterio porque quiero ser un hombre”.
Toda la obra de Dostoievski (1821-1881) parece concebida con este propósito: explorar el alma humana y poner al descubierto, sin rodeos ni filtros, las complejidades de nuestra existencia, haciendo de las grandezas y miserias del hombre el tema alrededor del cual giran la mayoría de sus novelas.

Nacido en Moscú durante la Rusia zarista, su propia vida debió ser un terreno fértil a la hora de proveerse de material literario con que elaborar sus textos y abordar el conocimiento del ser humano: la asfixiante educación a cargo de un padre tiránico y violento, de quien se dice que murió asesinado por sus propios siervos debido a sus muchos excesos; su vinculación con grupos afines al socialismo utópico, que le valió un simulacro de fusilamiento por orden del zar Nicolás I y cuatro años de trabajos forzados en Siberia; una ludopatía que acabaría sumiéndolo reiteradamente en la ruina y con él, a algunas de las mujeres con quien se relacionó más estrechamente; la muerte de su mujer; viajes por Europa junto a su amante...

Dostoievski fue un hombre atormentado y contradictorio, que sufría de ataques epilépticos recurrentes, dividido entre su inclinación por lo pasional y desmedido y su fe ilimitada en la ortodoxia cristiana.

El interés y la fascinación que siguen suscitando sus novelas a día de hoy reflejan el calibre artístico y la capacidad del autor para iluminar con su prosa los pasajes más oscuros de nuestra conciencia.

Dostoievski nos dejó una obra extensa y compleja, heredera de un romanticismo tardío pero que, no obstante, prefigura ya la nueva conciencia del hombre extraviado de la modernidad.

Crimen y castigo es, en este sentido, una de sus novelas más emblemáticas. La historia transcurre en San Petersburgo. El dato es importante, pues la ciudad se convierte en el espacio exterior en que se proyectan las batallas interiores de sus protagonistas: oscuros cuchitriles de atmósferas sofocantes, tabernas subterráneas y callejuelas abyectas, atestadas por un tumulto de personajes variopintos extraídos de las capas más bajas de la sociedad, constituyen el paisaje a través del cual el personaje central, el estudiante Raskólnikov, se evade en los momentos de máxima tensión interior, en un intento por huir de los demonios del subconsciente.

Sustentada bajo una entretenida trama policial, la novela narra la historia del crimen cometido por Raskólnikov contra una vieja usurera, con el objetivo de hacerse con su dinero y poder continuar sus estudios de derecho  que se ha visto obligado a abandonar por falta de recursos y de hacer frente a las necesidades económicas de su madre y de su hermana, la cual está dispuesta a casarse con un hombre sin escrúpulos con tal de salir de la pobreza.

Raskólnikov, quien tiene mucho de la rebeldía apasionada del héroe romántico, es en esencia un hombre franco y noble, como cualquier otro, que sin embargo dice no sentir remordimiento por sus actos. Tampoco hace ningún uso de lo robado, con lo cual, el motivo del crimen queda desdibujado.

De hecho, en los momentos previos al asesinato, en los que medita acerca de cómo llevar a cabo su plan, el protagonista parece actuar bajo una especie de confusión mental que lo hace no ser totalmente consciente de la gravedad del acto que está a punto de cometer. Una actitud que nos recuerda a otro conocido nihilista-asesino de la historia de la literatura posterior: Marsault, el personaje que creó Albert Camus en El extranjero, y que, sin saber muy bien por qué, levanta su arma contra el árabe en aquella playa bajo los efectos de un sol cegador.

¿Qué motivaciones tenía realmente Raskólnikov para asesinar? nos preguntamos.

El protagonista parece actuar bajo la influencia de ciertas ideas que circulaban por entonces por Europa. Partiendo de las teorías sobre la supremacía del hombre, de Nietzsche, Raskólnikov divide a los seres humanos en dos tipos de personas: los ordinarios la gran mayoría y los extraordinarios léase Napoleón y demás figuras de la historia política y militar aquellos que mueven el mundo y lo llevan a sus objetivos, a los que se les otorga el derecho a matar en aras de la mayor utilidad y que incluso son vanagloriados por ello. Raskólnikov, quiere demostrarse a si mismo que es uno de esos hombres extraordinarios capaces de matar:
.. necesitaba saber, y lo antes posible, si era yo un piojo como los demás o era una persona. Si sería capaz de trasponer el límite o no sería capaz. Si tendría la osadía de agacharme para recoger el poder o si no la tendría.
Dostoievski deja hablar a los protagonistas, sin juzgarlos ni inmiscuirse en sus extensos monólogos en los que éstos se confiesan, se justifican y expresan sus convicciones, dejando que sean ellos mismos quienes caigan, más adelante, en sus propias trampas mentales.

La gran prueba que tendrá que afrontar Raskolnikov será asumir que su crimen, lejos de ser un acto extraordinario, no es más que un vulgar y mediocre asesinato. Y que, como decía Jung, "la negación de las propias emociones no libera, sino que oprime". El sentimiento de culpa roe la conciencia de Raskólnikov y acaba por paralizar al protagonista, que sucumbe a la sinrazón y a la enfermedad, a un tormento autoinflingido que lo convierte en un ser huidizo y neurótico, en constante estado de alerta ante los demás.

A medida que avanza la narración, la tensión aumenta, el ritmo se precipita y los hechos que rodean al crimen se van ensamblando de manera vertiginosa, produciendo en el lector un efecto imparable y asfixiante.

Más allá de la intriga que encierra la trama, la novela supone una reflexión sobre el valor de la vida, sobre el origen del mal y su banalización. Dostoievski se alza contra el derrumbe de los valores morales, contra un mundo alienado en el que el hombre ha sustituido su fe en lo sagrado por una racionalidad utilitaria y egoísta, capaz de justificar los actos más execrables en aras de conseguir los propios intereses. "Si no existe Dios, entonces todo está permitido", como diría el autor en otra de sus grandes obras, Los hermanos Karamazov.

Crimen y castigo es una novela apasionante, que agradará a los lectores amantes del género clásico pero también a aquellos capaces de sumergirse en el universo convulso de Dostoievski a cambio de una impactante historia sobre la condición humana .

2 comentarios:

Letraherido dijo...

Muy buena reseña :)
Yo tengo eternamente pendiente a los autores rusos, entre ellos por supuesto a Dostoievski, y concretamente esta obra.
Un abrazo.

Anouka dijo...

Gracias, Letraherido.

Para empezar a introducirse en la literatura rusa, nada mejor que "Curso de literatura rusa", de Nabokov, que contiene un estudio bastante interesante y ameno de autores como Gógol, Turguêniev, Tolstói, Gorki, Dostoievski, Chéjov, entre otros.

¡Saludos!